Cómo Definir y Evolucionar la Verdad de tu Propósito de Vida

Hoy quiero abordar una de las preguntas más profundas y universales: ¿Existe un propósito? Y si es así, ¿cómo se vincula a nuestra identidad? En mis conferencias y a lo largo de mi carrera, he descubierto que el propósito es real, pero no es algo que llega por arte de magia.

El propósito requiere un gran trabajo de introspección.

La Búsqueda y Definición: El “Para Qué”

Mi propio viaje comenzó en 2012. Durante una actividad dirigida a líderes de la compañía donde trabajaba, tuve la oportunidad de descubrir mi propósito por primera vez.

Descubrirlo exige mirarse a sí mismo con tiempo y detenimiento para entender el para qué estoy aquí, el por qué, y qué quiero hacer de mi vida. Definitivamente, este esfuerzo está asociado a mi identidad: quién quiero ser, quién voy a ser y hacia dónde voy a dirigir mis acciones.

Una vez definido mi propósito, se convirtió en una guía fundamental para mí. A partir de él, pude definir los pilares de mi vida, esas áreas importantes donde quería desarrollarme, y comencé a revisar si las acciones que realizaba estaban realmente alineadas a ese propósito. Esto también se volvió parte de mi identidad.

En aquel momento, mi propósito se centró en poder impactar, interactuar y dejar una huella emocional en la gente que me rodeaba.

El Propósito en los Pilares de la Vida

Este propósito inicial lo apliqué en todas las esferas de mi vida:

  1. Ámbito profesional: Lo inculqué en el trabajo con equipos y dentro del liderazgo. Me permitió entender qué acciones estaban alineadas y cuáles no, obligándome a dejar de lado cosas que no tenían sentido.
  2. Ámbito familiar: Busqué dejar enseñanzas y aprendizajes, transmitiendo a mis hijos quiénes quieren ser y hacia dónde deben moverse.
  3. Deporte y salud: Como maratonista, el propósito se vinculó a la inspiración. Al ser ejemplo de disciplina y bienestar, pude llegar a la emoción de otros y ayudar a transformar vidas.

La Evolución: El Propósito No es Perpetuo

Aunque el propósito es una tarea a largo plazo, es importante entender que no es eterno. El propósito debe revisarse.

Recientemente, a partir de una nueva realidad personal y profesional, me di la oportunidad de redefinirlo. Hice nuevamente un trabajo de introspección, partiendo ahora de mi experiencia previa.

La esencia no cambió, porque siempre ha tenido que ver con dejar una huella emocional positiva. Pero después de más de 12 años, agregué un elemento esencial: mi experiencia de vida.

Mi historia como padre, esposo, profesional y maratonista ahora alimenta y fortalece mi propósito.

Mi Propósito Actual: Ayudar a Mejorar su Mundo

Mi propósito hoy es transmitir y compartir la experiencia de vida que he construido para dejar una huella en el corazón de las personas, ayudándoles a mejorar su mundo.

Este enfoque me llevó a dedicarme a la consultoría y al coaching. Estas actividades me permiten trasladar lo aprendido a quienes buscan transformar sus vidas.

Mi identidad no ha cambiado por completo, pero sí se ha refinado, renovado y reestructurado hacia mis nuevos objetivos.

El Propósito como Paraguas (Guía)

Propósito e identidad están completamente alineados.

Para mí, el propósito actúa como una guía, un paraguas bajo el cual se acomodan los pilares de mi vida, y bajo ellos, mis objetivos y decisiones. Esto me permite evaluar si lo que hago tiene sentido y dirección.

Los invito a tomarse el tiempo para repensar su para qué. ¿Para qué están en este mundo? ¿Por qué hacen lo que hacen? Cuando lo hacen, todo lo que rodea su día a día comienza a tener sentido.

Definan su propósito. Desde ahí podrán resignificar su identidad, saber quiénes son y hacia dónde desean moverse, y sentirse motivados e inspirados para avanzar.

El propósito es como la brújula de un barco: no te dice dónde está el tesoro, pero te asegura que cada movimiento te acerca a tu verdadero norte, evitando navegar sin rumbo.