Quiero compartir con ustedes una etapa crucial en el desarrollo profesional: ese momento en que dejamos de ser un operador o un analista para convertirnos en un ejecutivo o director. Este proceso no es solo un cambio de título, es un cambio de mentalidad y de acción.
Recuerdo mis primeros puestos; yo estaba acostumbrado a que mi jefe me dijera exactamente lo que tenía que hacer. Mi forma de ser efectivo era haciendo bien lo que me decían que tenía que hacer.
El gran desafío llegó cuando empecé a liderar equipos. Lo primero que me pasó es que dejaron de decirme lo que tenía que hacer. Tuve que empezar a pensar y a definir por mí mismo cuáles eran las tareas a desarrollar. Esta capacidad de pensar y decidir por mí mismo es la primera gran habilidad que tuve que desarrollar: dejar de solo hacer para empezar a definir.
El Arte de Delegar y el Peligro de Operar
El siguiente gran desafío que enfrenté, y que veo que muchos ejecutivos enfrentan, es cómo logro que las cosas se hagan a través de los demás. Mi gran prueba fue confiar en que quien iba a hacer una tarea, la iba a hacer tan bien como la haría yo.
El líder debe dar el primer paso: confiar y delegar. Delegar implica empoderar, dar poder a mis colaboradores para que realicen las tareas. Cuando entrego el poder, también entrego la responsabilidad y, a medida que escalo, entrego la toma de decisiones.
He visto, incluso en altos directivos, el error de seguir involucrados en tareas operativas porque les gusta. Cuando un líder se sigue involucrando y no cede ese lugar a los colaboradores, impide el desarrollo de talento. Peor aún, cae en el micromanagement. Estar permanentemente encima, vigilando y ajustando cada detalle, atenta contra los resultados, contra el desarrollo de talento y, lo que es muy importante, ¡contra el humor del equipo!, pues crea una carencia de seguridad psicológica. Como líderes, debemos soltar y dar confianza a quienes están debajo.
Las Habilidades que Tuve que Desarrollar
Para hacer esta transición, necesité potenciar varias habilidades clave:
1. Comunicación Estratégica: Un buen líder debe ser un buen comunicador de lo que hay que hacer, de la estrategia, de las prioridades y de la visión.
2. Visión Sistémica: Dejé de mirar solo lo que teníamos que hacer hoy o esta semana, y tuve que ampliar y extender mi visión a plazos más largos: el mes, el trimestre y el año completo.
3. Toma de Decisiones: Tuve que desarrollar el valor y la confianza para empezar a tomar las decisiones que antes no me correspondían.
4. Gestión de Equipos: La gestión de la motivación y la preocupación por el equipo desde el punto de vista profesional y humano se vuelve una parte importante de mi rol. Además, es crucial dejar de ser el experto técnico para soltar esa expertise y permitir que los equipos la desarrollen.
Si quieren avanzar en la escala profesional, les daría una recomendación fundamental: mírense en el espejo de la persona que les gustaría ser en el próximo nivel. No siempre es su jefe, pero encuentren ese superior y empiecen a comportarse como si ya fueran esa persona.
Si yo me comporto como director antes de ser nombrado, quien tome la decisión no tendrá ninguna duda al elegirme. Miren sus características, vean qué cosas tiene esa persona que ustedes no tienen, y empiecen a desarrollar esas conductas y características ahora.